La luz del Norte: tres maneras de mirar Dinamarca
Desde el silencio de las habitaciones de los hogares en Copenhague hasta las largas y abiertas playas de Skagen, Krøyer, Ancher y Hammershøi, hicieron de la luz algo inusual, algo más que un elemento pictórico convirtiéndola en atmósfera, tiempo y estado de ánimo. Y es que la luz se comporta de manera distinta en distintos lugares.
En Dinamarca, este elemento se convirtió parte de una identidad pictórica, de una nueva corriente. A finales del siglo XIX, algunos artistas se dedicaron a observar con atención aquello que aparentemente parecía difícil de retener: el resplandor de una tarde de verano, el sol entrando por la ventana de una oscura habitación, o la humedad después de un temporal.
Peder Severin Krøyer, Michael Ancher y Vilhelm Hammershøi, se movían en escenarios muy distintos. Los dos primeros encontraron en Skagen un lugar donde el mar, cielo y personas compartían la misma luz, mientras que Hammershøi se centró en escenarios cerrados como las vacías habitaciones de los antiguos pisos de Copenhague en donde se permitía que la luz entrase discretamente por una ventana.
Lo sorprendente es que aquello que debería ser secundario, pasa a ser protagonista. La escena pasa a un segundo plano y la atmósfera cobra un papel relevante.

Skagen: pintar donde termina la tierra
En Skagen, al norte de la península de Jutlandia, nació una corriente cultural en donde confluyeron artistas como Michael Ancher, Viggo Johansen, Carl Locher y Peder Severin Krøyer y no parece muy difícil comprender esta atracción.
El horizonte domina el paisaje. Las playas interminables de arena clara y un cielo cuya luminosidad modifica constantemente el color del mar. Krøyer hizo de ello su sello cuya muestra la encontramos en Tarde de verano en la playa sur de Skagen, de 1893, representando a dos mujeres caminando junto a la orilla. Estas dos mujeres eran las esposas de Krøyer y Ancher, que también se dedicaban a la pintura. La obra muestra una amplia gama de azules en donde el cielo y el mar parecen confundirse mientras que la arena destaca por su tonalidad blanquecina.
La fuerza de la obra no reside en la escena, sino que se centra en representar una determinada hora del día.
Otro ejemplo lo encontramos en Tarde de verano en Skagen, fechada en 1899, realizada al óleo y conservada en la Hirschsprung Collection de Copenhague. En la imagen, la luna se refleja sobre el agua mientras dos figuras avanzan por la playa acompañadas por un perro. El azul vuelve a dominar la composición.
Hay una distancia cronológica de seis años entre ambas, pero la obsesión parece ser la misma, capturar el momento en que el sol empieza a desaparecer.

Michael Ancher: cuando el mar deja de ser paisaje.
Para el Michael Ancher, el mar cambia de concepto y pasa a significar, trabajo, peligro, espera.
En Vil han klare pynten, de 1880, conservado en el Statens Museum for Kunst de Copenhague, observamos un grupo de pescadores analizando las dificultades de una embarcación en el horizonte. Se pueden apreciar perfectamente las expresiones de la cara de los primeros del grupo, no así con los últimos de la fila. El artista refleja extraordinariamente la luz del norte en una jornada con temporal combinando azules grisáceos así como tonos grises en la arena para transmitir la sensación de mojado.
Ancher tuvo un gran avance con esta composición que no fue pintada directamente en la playa, sino que fue creada a partir de varios estudios. Fue una gran inversión y apuesta por sus medidas que no eran enormes, pero sin embargo fue una obra costosa, para un pintor joven y con dificultades sin incluir el pago el pago a los modelos, el lienzo, pintura, caballete, marco y transporte. Dicha obra fue por lo menos cuatro veces más costosa que la mayoría de los cuadros de Skagen al aire libre, en términos de materiales, así como de tiempo.
Todavía era una época en que un pintor podía vivir años de los ingresos de una sola obra. Era una práctica normal para la mayoría de los pintores daneses de crear por lo menos una grande y monumental pieza para una exposición anual que era entonces el mejor método para obtener reconocimiento.


Vilhelm Hammershøi - Rayos de Sol - 1900 / Interior con hombre leyendo - 1898
Hammershøi: cerrar la puerta al mundo
Con Vilhelm Hammershøi abandonamos la playa y entramos en una habitación.
Un cambio radical en donde Krøyer necesita horizonte, Hammershøi necesita paredes, donde Ancher reúne un grupo de hombres frente al mar, Hammershøi elimina prácticamente cualquier presencia humana.
En la obra conocida como Rayos de sol, también titulada posteriormente Motas de polvo bailando bajo los rayos del sol, la escena parece reducirse a unos pocos elementos: una ventana, una puerta, un suelo y un haz de luz. Y nada ocurre, sin embargo, ocurre todo.
Esta pintura fue especialmente admirada por la capacidad de Hammershøi para representar las motas de polvo atravesadas por la luz solar, pero hay otro detalle significativo: los elementos que podrían comunicar el interior con el exterior desaparecen, los herrajes en la ventana y las bisagras de la puerta no se ven y los cristales aparecen prácticamente opacos dándonos a entender que el exterior existe, pero no podemos alcanzarlo. La luz entra, el mundo, no.
Se da la paradoja que aquello que nos comunica con el exterior, nos sirve para crear una sensación de aislamiento.
En el caso de Interior con Hombre Joven Leyendo, fechada en 1898, continúa este concepto. Un hombre leyendo situado en un lado de la composición mientras entra la luz por la ventana tocando su rostro y su mano para acabar reflejándose en la pared que situada detrás de él.
La figura no ocupa el centro físico del cuadro, pero sí su centro emocional. El vacío que la rodea no es ausencia, sino que es protagonista de la pintura.
El vínculo entre estos artistas, tres maneras de ver la luz, hace de ello algo interesante. Mientras Krøyer mira hacia fuera encontrando la luz que se expande en el infinito hasta borrar el horizonte, Hammershøi gira la mirada hacia dentro reduciendo el mundo a una vacía habitación donde un simple haz de luz contiene una atmósfera completa. Para Ancher, la observación se transforma en hombre que dependen del mar, peligro, humedad, esfuerzo.
En ninguno de los tres casos, la luz no es iluminación: para Krøyer es instante, para Ancher, coordinación humana, clima y para Hammershøi, silencio. Porque mirar a veces no consisten en encontrar algo extraordinario, sino que es permanecer el tiempo suficiente delante de aquello que los demás pasan por alto.
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