La transformación silenciosa de Mahón
Para un mahonés nativo, resulta inquietante ver cómo su ciudad se transforma. Al pasear por sus calles, aquellos que ya tenemos una mediana edad y que somos el puente entre los nuevos mahoneses y los antiguos vemos cómo la vida tradicional que llevaban nuestros ancestros desaparece por momentos. Pasear por las calles del centro histórico a veces es doloroso al ver que un día, uno encuentra en la calle los muebles antiguos que la amiga de su abuela tenía en su casa y que están pendientes de que llegue el camión de mudanzas para trasladarlos a otro lugar. Al ver esto, surge la pregunta: ¿habrán vendido la casa sus familiares? ¿Quién la habrá comprado? ¿Serán conocidos?… Todo ello genera una sensación de inseguridad respecto al cambio a lo desconocido.
Uno de aquellos días, me entretuve paseando por aquellas calles en donde solía hacerlo cuando era una niña en compañía de mi abuela para ir a visitar a algunas de sus amigas. Mi sorpresa al ver que alguna de aquellas casas que habían permanecido cerradas durante un tiempo ahora estaban abiertas, sin puertas, sin ventanas, con obreros en su interior y con la licencia de obras expuesta en la que se detalla el nombre del promotor, la empresa constructora… . En la mayoría de ellas, el nombre del promotor ya no tenía nada que ver con los apellidos conocidos de Mahón.
Así entonces, a uno le viene a la cabeza si aquella persona que ha adquirido la vivienda la mantendrá como era antes, o bien se transformará en algo nuevo. Y en cierta parte, también tranquiliza ver que después de acabar las obras la casa vuelve a tener vida, pasando del gris y la oscuridad al color y la luz. Ya no importa el nombre del nuevo propietario; ver que la ciudad vuelve a ganar vida es reconfortante.
Las propiedades cambian de manos, pero cuando vuelven a abrirse sus puertas, también la ciudad recupera parte de su vida.
Eso es lo que ocurre en mi ciudad.
Durante los últimos años la ciudad se ha transformado; ha adquirido nuevas maneras de entenderla y de pensarla. La llegada de nuevos propietarios, con sus distintas culturas, la reinterpreta y de todo ello han nacido nuevas corrientes. Nuevas reinterpretaciones de la vida mahonesa con la apertura de galerías de arte, hoteles de interior u otros usos en aquellas propiedades que por su historia y dimensiones podrían adaptarse a ello.

Un ejemplo es Casa Gracia, una propiedad inmobiliaria del s.XIX que anteriormente fue una discoteca y situada en el carrer de Gracia, de ahí su nombre y que ha sido rehabilitada por el estudio de arquitectura parisino LaPlace en colaboración con el estudio menorquín Maimó & Brosa . Esta propiedad fue adquirida por el artista Rashid Johnson y Sheree Hovsepian junto con las dos colindantes para crear su segundo hogar y estudio. Dadas las características del estudio, unos 300 m² aproximadamente, techos altos y conexión directa con un jardín privado, se concibe como un lugar en donde artistas y escritores pueden encontrar un lugar de aislamiento en donde el tiempo parece detenerse, facilitando el trabajo sin presión. El gran jardín que posee la propiedad en la parte trasera ayuda a sentirse aislado del mundo exterior para facilitar la creación de nuevas ideas.

Con Rashid Johnson y Sheree Hovsepian principalmente en Nueva York, la propiedad quedaba la mayor parte del tiempo cerrada, por lo que los propietarios decidieron crear una residencia para artistas que acogerá anualmente a tres artistas visuales y dos escritores a partir de la primavera de 2027, donde podrán desarrollar proyectos y existentes, pensar, leer….


Casa Reynolds y Galería Albarrán Bourdais - Mahón (Menorca)
Varios ejemplos más también podrian nombrarse como Casa Albertí, transformada en hotel, Casa Reynolds anteriormente propiedad de una familia noble de Mahón ahora convertida en centro cultural, Sa Il·lustrada, sala de exposiciones y previa propiedad de un importante marino mercante, Galería Albarrán Bourdais antaño hogar de la señora Rosita, taquillera del teatro, y así podría mencionar muchas más.
Esta es una muestra del cambio que está sufriendo la capital de la isla, una ciudad que, a lo largo de la historia, siempre ha sido acogedora de nuevas culturas y exportadora de la suya propia en distintas partes del mundo y cuya transformación da paso a nuevas maneras de pensar y de vivir, y que, en cierto modo, la enriquece.
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